LA PARTICIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES EN LA PROPIEDAD DE LAS EMPRESAS.
LA SITUACIÓN ACTUAL EN AMERICA
LATINA Y SUS PERSPECTIVAS.
Agosto
del 2002.
Juan
Guillermo Espinosa C.[1]
I.
El Medio
Latinoamericano.
Las posibilidades de desarrollo de un “sistema de participación de los
trabajadores en la propiedad de las empresas”, se da en aquellos países en
donde se ha podido formar un sector de empresas de tamaño medio y grande, con
un cuerpo de legislación económica y social - especialmente legislación laboral
- debidamente organizado y de aplicación extendida.
Este nivel de desarrollo institucional y legal se ha alcanzado con más
claridad en las siete principales economías de América del Sur, que de alguna
forma vienen siguiendo – aunque con algún atraso - las tendencias del
desarrollo económico y organizacional moderno. Por lo anterior, en este breve
estudio, nos referiremos principalmente a estas 6 o 7 principales economías y
no consideraremos a las catorce pequeñas economías del Caribe ni tampoco a las
cinco economías de Centroamérica, en donde además es más difícil recoger
información.
Las principales economías de América Latina a que nos referimos
en el párrafo anterior, son en un primer nivel: Brasil, México y Argentina y, en un segundo nivel: Venezuela, Colombia, Chile y Perú. De estas siete economías, no se considerará
tampoco la economía de México, por estar considerada en otros estudios de COG,
y además por estar hoy más vinculada a América del Norte que al resto de los
países de América del Sur.
Los rasgos principales que caracterizan a las 6 economías
latinoamericanas mencionadas, son: la gran desigualdad interna; una estructura
productiva y de las empresas concentrada en pocos sectores productivos; una
creciente proporción del empleo informal dentro de cada economía; una
estructura del crédito proporcionado por el sistema financiero principalmente
dirigido a la gran empresa y consiguientemente, una estructura de propiedad de
las empresas altamente concentrada; todo lo cual se refleja en la distinta
importancia y alcance que tienen las Bolsas de Comercio en América Latina
frente a la importancia que los valores bursátiles tienen en el medio
norteamericano.
De las características anteriores, uno de
los rasgos más adversos de las economías latinoamericanas en su conjunto, así
como en especial de las seis mencionadas en este estudio, es la extrema
desigualdad en la distribución de los ingresos y de la riqueza dentro de cada
economía. Estas desigualdades internas,
según los estudios comparativos de las Naciones Unidas y del Banco Mundial, son
los más agudos y extremos del mundo, como se puede observar del gráfico
adjunto. (Véase Gráfico adjunto
sobre la distribución del ingreso en los
distintos continentes)
Estos profundos
niveles de desigualdad en las economías latinoamericanas son ciertamente uno de
los obstáculos más importantes para el desarrollo económico y social en
general, así como también lo son para la instauración o el desarrollo de la
participación de los trabajadores en la propiedad de las empresas. Un agudo nivel de desigualdad significa en
cada economía grandes diferencias: de remuneraciones, de niveles
educaciona-les, formas de vida y estilos y niveles culturales que no pueden
ignorarse. De esta forma, un gran nivel
de desigualdad interna, se traduce en mundos y culturas de comportamiento y
enfoques enteramente diferentes entre empresarios y ejecutivos, por un lado, y
trabajadores y empleados, por el otro.
En relación a la forma en que se
estructuran las empresas en las seis economías consideradas (aquí vamos a
incluir un cuadro resumen de las empresas en América Latina), se puede decir
que -a grandes rasgos- del universo de empresas de todos los sectores, las empresas grandes y medianas alcanzan en número,
aproximadamente a un 3% del universo
total, mientras que la pequeña y la
micro empresa corresponden al 97% restante.
En lo que se refiere a la masa laboral, cerca del 30% se encuentra ocupada en las
empresas grandes y medianas, mientras que el 70% de los trabajadores se
encuentran empleados en pequeñas y microempresas.
A su vez, la gran
concentración económica puede deducirse del aporte a las ventas que hacen estos subgrupos, es decir, las empresas grandes y medianas (3% del
total) realizan un 86% de las ventas
totales, mientras el 97% de las pequeñas y microempresas sólo
contribuye con un 14% del total de las ventas.
En relación al empleo en América Latina, este es uno de los ámbitos más severos y
adversos a las posibilidades de desarrollo de la participación de los
trabajadores en la propiedad de las empresas.
En efecto, el desempleo es uno de los más elevados del mundo en
desarrollo y habitualmente se encuentra bastante por encima de las cifras
oficiales de desempleo, dada la pobreza estadística y el mal diseño de las
muestras para obtener las cifras a escala nacional. En particular una expresión indirecta de los niveles de desempleo
encubierto que se dan en los países de la región son las magnitudes a que ha
llegado lo que se denomina “el empleo
informal”, que alcanza en promedio a más de un 56% de toda la fuerza laboral de los países de América
Latina. Buena parte de lo que se
denomina trabajo informal, son microempresarios, pequeños comercios o
vendedores ambulantes que desesperadamente tratan de conseguir un ingreso en cualquier
actividad que les permita alcanzarlo.
En lo que se refiere a la estructura del crédito del sistema bancario y financiero
a las empresas, en correspondencia a la estructura por tamaños de las empresas
existentes al día de hoy, el crédito se encuentra altamente concentrado en las
grandes empresas y alcanza o llega sólo de manera insuficiente para las
empresas de tamaño mediano, siendo completamente ocasional, muy escaso o
inexistente para las empresas de tamaño pequeño o microempresas. A su vez, las empresas de tamaño pequeño o
mediano que acceden al crédito bancario, deben pagarlo a altas tasas de
interés, con fuertes recargos frente al que obtienen las grandes empresas.
Habitualmente, además, el escaso crédito que obtienen es sólo para destinarlo a
capital de trabajo (que son préstamos de menor monto y de más corto
plazo). En general, el mercado de
capitales en América Latina se encuentra altamente orientado al crédito para
capital de trabajo y crédito de corto plazo, por lo cual incluso la gran empresa
no encuentra habitualmente suficientes recursos para el crédito de inversión.
La estructura del crédito descrita ya
explica en buena parte, el porqué en América Latina la propiedad del capital de
las empresas grandes y medianas se encuentra altamente concentrado y
habitualmente en manos del 5% de más altos ingresos de cada país. Esta concentración en la propiedad del
capital permite comprender a la vez el
porqué las Bolsas de Comercio en América Latina (la transacción de valores
bursátiles) no se encuentran tan desarrolladas como en Estados Unidos, en donde
más del 50% de la población adulta tiene, como una forma normal o habitual de
ahorro, la propiedad de acciones o bonos de las principales empresas de ese
país.
Las dos
anteriores características, reflejan entonces diferencias fundamentales en el
funcionamiento del mercado de capitales, en la propiedad de las empresas y en
el funcionamiento de las Bolsas de Comercio entre lo que hoy se observa en el
mundo financiero y de capitales de Estados Unidos y de América Latina.
II. Análisis
y Algunas Políticas a Seguir ante la Situación Actual.
Ante el cuadro
anterior, si se quiere proseguir una
política de estímulo y
fomento de la participación de los trabajadores en la propiedad de las empresas
en América Latina, es necesario tener en consideración que este avance deberá
ser “asistido” y no se producirá por el simple progreso de las ideas o por
generación espontánea. Por el
contrario, para el avance y progreso de este nuevo enfoque será necesario tener
en consideración diversas medidas y políticas, sobre las cuales aquí sólo
mencionaremos algunas ideas básicas, con el propósito de iniciar un debate más
amplio que contemple los puntos de vista de distintos lugares y de diversas
experiencias que precariamente han logrado desarrollarse hasta la fecha.
Bajo la premisa de que la idea de la participación de los
trabajadores en la propiedad de las empresas, es una idea que actualmente puede
tener buena acogida y hay diversos sectores dispuestos a promoverla y a
aplicarla –todo lo cual no es necesariamente cierto- en las líneas que siguen,
nos referiremos principalmente a las recomendaciones que pueden hacerse frente
a tres grandes problemas o dificultades que la promoción de este nuevo enfoque
encuentra hoy en el mundo real: en
primer lugar, las dificultades que se presentan ante el elevado desempleo y la
profunda desigualdad; en segundo lugar, los obstáculos que coloca la estructura
de las empresas y la concentración del mercado accionario; y en tercer lugar,
la importante dificultad que representa la gran concentración del crédito, que
como veremos es un problema doblemente perjudicial para el avance de la
participación de los trabajadores en la
propiedad de las empresas.
1. Ante los
importantes problemas de desigualdad
y de desempleo que imperan en el
medio productivo y social de América Latina, debemos recordar que la
desigualdad nos impone en una primera etapa del programa, la imposibilidad de
considerar (o a lo menos interesar) a todos los trabajadores en forma homogénea
en un programa de participación de los trabajadores en la propiedad de las
empresas. Es decir, es bastante probable que en una primera etapa los
profesionales o técnicos y los mandos medios, se interesen en mayor proporción
que los trabajadores de base, los cuales sólo en el tiempo y cuando los
primeros se interesen, también podrían solicitar ser considerados en el
programa. En relación al alto
desempleo, es importante recordar que este es casi siempre el resultado de la
falta de niveles educacionales y de salud adecuados y que, a su vez, el
desempleo es el principal factor explicativo de los amplios niveles de pobreza
encontrados en la mayoría de los lugares.
Asimismo, la capacitación y los mayores niveles educacionales son
habitualmente los factores más importantes que permiten a los trabajadores
conseguir o mantener sus fuentes de empleo.
La primera recomendación,
entonces, que puede hacerse para llevar adelante un programa de participación
de los trabajadores en la propiedad de las empresas (de ahora en adelante
Programa COG), es que debería buscarse apoyar y trabajar en formas conjunta con
los programas de capacitación de empresas que los gobiernos y las propias
organizaciones empresariales tengan, enfatizando las dimensiones o contenidos
no solo en técnicas específicas de mejoramiento de la capacitación de los
trabajadores, sino también y concretamente en la mejora de los resultados de
las empresas cuando los trabajadores participan en la administración y en la
propiedad de las mismas. Es decir, COG
debiera desarrollar un amplio programa de divulgación y capacitación, que sea
complementario a los programas de capacitación y calificación hoy existentes en
la mayoría de los países.
En segundo lugar, para
llevar adelante un Programa COG, este debiera vincularse con algunos de los
programas de adiestramiento universitarios para administradores de empresas más
conocidos, para incorporar en sus programas de estudio estos enfoques que,
hasta ahora en América Latina son bastante desconocidos. Se trata de aprovechar las circunstancias
actuales en donde se están modificando las visiones tradicionales en relación a
la administración de recursos humanos dentro de las empresas y que también
están llegando a la Región Latinoamericana más inversiones europeas, en donde
prima una visión más humanista y de mayor participación laboral en los procesos
productivos que la visión norteamericana.
En tercer lugar, para llevar
adelante un Programa COG, es muy importante informar y ofrecer apoyo a los
principales Colegios Profesionales de Ingenieros y Administradores de Empresas,
así como también a las principales centrales sindicales de los países, en las
que todavía priman las visiones confrontacionales y de reivindicaciones
salariales, sin contemplar aún estas nuevas visiones de fines del Siglo XX que
consideran una mayor participación laboral en la administración y en la
propiedad de las empresas.
2. Ante el segundo
gran problema que enfrentan los países de América Latina, esto es la estructura productiva de las
empresas y la gran concentración del
mercado accionario, se pueden hacer algunas recomendaciones de tipo
práctico que permitan iniciar un Programa COG en el futuro cercano:
En primer lugar, ante la
gran concentración en la estructura productiva y en el nivel de ventas de las
más grandes empresas, dada la gran influencia de las grandes empresas en
nuestros países en materia publicitaria, comercial y, en general, de imágenes
ante la opinión pública, deben abordarse las primeras etapas de un Programa COG
con el mayor realismo, esto es, trabajar en una primera etapa precisamente en
estas grandes empresas en donde se ubican los trabajadores con mayor cultura y
formación laboral. Estos trabajadores a su vez, están más organizados y están a
su vez más deseosos de informarse, conocer e imitar las tendencias que se dan
en los países más desarrollados.
En general, la fórmula de
participación de los trabajadores en la propiedad de las empresas, no es
enteramente resistida por los empresarios, sean estos ejecutivos o propietarios
de las grandes empresas. Los
empresarios en general, en casos específicos, ven la posibilidad de entregar
ciertos títulos de propiedad a los trabajadores como una forma de pago o de
remuneración que, más que darles mayor influencia dentro de las empresas,
podría despertarles un mayor interés por la empresa, a la vez que
proporcionales una forma de pago que al empresario le resulta de menor costo
que subir las remuneraciones.
Sin embargo, en general,
para los dirigentes sindicales o laborales de las grandes empresas la fórmula
de entregar títulos de propiedad a los trabajadores individualmente no lo ven
como una fórmula de remuneración adecuada, ni tampoco como una forma de elevar
su influencia en la toma de decisiones dentro de las empresas. Esto es así, por
cuanto en los tiempos actuales de alza del desempleo y de mayor volatilidad del
empleo a todos los niveles, la fórmula de títulos individuales de propiedad, la
sienten absolutamente efímera y de corta duración. Por lo anterior, si los dirigentes laborales se interesan por un
programa de participación de los trabajadores en la propiedad de las empresas,
se interesan por formas más bien de propiedad colectiva de un grupo de
acciones, para que no se pierda la influencia de las acciones del que se va de
la empresa, ya sea despedido o porque se retira por voluntad propia.
Entonces, en este ámbito es
perfectamente posible al día de hoy recomendar a los gobiernos o autoridades
públicas que incluso se destinen estímulos tributarios para incrementar la
participación de los trabajadores en la propiedad accionaria de las empresas y
de preferencia, que estos estímulos tributarios se apliquen en forma más
decidida o clara cuando esta propiedad accionaria sea de forma colectiva. Además, la fórmula de propiedad colectiva de
los trabajadores, es al día de hoy especialmente posible en empresas públicas
que las autoridades estén pensando en privatizar o aún en mantener bajo la
autoridad pública pero que su funcionamiento se pueda ver facilitado o mejorado
debido precisamente a esta participación de los trabajadores en la propiedad de
las mismas.
3. En relación a la
gran concentración del crédito que
se da en la mayoría de los países de América Latina, es un problema doblemente
perjudicial porque, por un lado, no sólo excluye a los pequeños y
microempresarios que son el mayor número y la gran fuente de empleo en la
mayoría de los países, sino que también limita la inversión que es la fuente de
creación de nuevos puestos de trabajo, ya que existe principalmente crédito
para capital de trabajo y muy poco crédito de inversión en los sistemas
bancarios y financieros de América Latina. El crédito actual sólo existe
parcialmente para la gran empresa, y prácticamente nada para la pequeña y
microempresa; éstas últimas aún para los créditos de capital de trabajo y de
corto plazo que actualmente pueden conseguir, deben aportar garantías
personales o de propiedad individual que les eleva fuertemente la
vulnerabilidad en el mundo comercial.
Entonces, en este campo, un
programa tipo COG puede recomendar a los gobiernos y a los organismos internacionales
establecer inicialmente “fondos de garantía”, suficientemente amplios y con
suficientes recursos, que entreguen y estudien los debidos respaldos al gran
número de medianas, pequeñas y microempresas que hoy en alta proporción están
excluidas del mercado crediticio de la mayoría de los países.
En segundo lugar, hay que
proponer dentro de los programas de los “fondos de garantía”, entregar
garantías especiales a aquellas empresas que otorguen participación a los
trabajadores en la propiedad, con el propósito no sólo de desconcentrar la
propiedad y mejorar la distribución del ingreso, sino porque también debe
entenderse públicamente que constituyen una mejor garantía de pago.
En efecto, la participación
en la propiedad de la empresa debe difundirse y formar la imagen de que es una
mejor garantía de pago lo cual debe traducirse tanto por parte del sistema
crediticio en una mejor tasa de interés, o en su defecto, en un subsidio del
sector público a la tasa de interés para aquellos créditos a empresas con
participación de los trabajadores en la propiedad de las mismas.
Las anteriores son sólo
algunas de las recomendaciones que pueden hacerse para extender un sistema de
participación de los trabajadores en la propiedad de las empresas en América
Latina. Se espera que mediante el
intercambio de comentarios, antes de la Conferencia de COG en Octubre de 2002,
se puedan recoger propuestas adicionales que eleven la posibilidad de instaurar
este sistema en todos los países de la Región en el futuro próximo.