Espinosa, Juan Guillermo (2001), Economia
Neoliberal vs. Economia Social en
America Latina, Santiago, Chile: Dolmen Ediciones, S.A.
- CAPÍTULO III
- ¿QUÉ HACER?
- UNA NUEVA FORMA
DE MIRAR LAS COSAS
4.
Conceptos y Enfoques Globales
- 3.1 La Necesidad
de Cambiar
- A fines de siglo se llega a un punto en el
que, por un lado, desaparece uno de los referentes o enfoques principales
de los últimos setenta años, esto es, la economía centralmente
planificada, y por otro, sólo queda en funcionamiento el sistema de "economía
de mercado de tipo capitalista", el que en diversas formas y con
distintos énfasis, se extiende en su aplicación a casi todos los rincones
del planeta.
- En la alternativa entre el sistema de
economía centralmente planificada y el sistema económico predominante en
la actualidad, éste llega a alcanzar la posición que ahora ocupa, más que
por su éxito ante aquél, por el quiebre o la caída propia de ese sistema.
Por lo mismo, no pasa un día en nuestras sociedades sin que haya un
comentario crítico o múltiples quejas ‑en la prensa, en los medios
de radio y televisión, en centros académicos, en libros u otras
publicaciones‑ sobre lo que está mal en está economía, aparentemente
sin alternativas.
- A pesar de sus grandes logros e
importantes resultados alcanzados, cada día que pasa se ve más claro que
el sistema predominante está plagado de insuficiencias y, desde el punto
de vista de las necesidades y aspiraciones humanas, no es la economía ni
la sociedad que deseamos.
- Un problema severo en la hora
actual, para los que aún piensan que las ideas van primero que la acción, es que el vacío intelectual y
la pérdida de alternativas son de tal magnitud, que es fundamental
replantearse algunas orientaciones y medidas que nos encaminen hacia una economía más humana y una sociedad
mejor que la actual.
- En está hora de desorientación y pérdida
de paradigmas básicos, es determinante investigar y reestablecer más
detalladamente qué es lo que estaría bien, qué sería exactamente una
economía y una sociedad mejor que la actual. Desde el punto de vista de
una verdadera economía social, hacia qué debemos dirigirnos. Una vez
reconocidos tanto el estado de situación como las tendencias adversas a
las que se llega a fines de siglo, qué debe hacerse. ¿No hay algunas
tareas que deban emprenderse para mejorar la eficiencia social de las
políticas económicas actuales, para elevar los servicios públicos del
estado y hacerlos más accesibles, más equitativos y eficientes, desde un
punto de vista social? ¿Cómo se puede elevar la equidad en nuestros días?
¿Qué sólo será posible reducir el desempleo a través de un crecimiento que
ocupa cada vez a menos personas y destruye más aceleradamente el entorno
que lo demanda? ¿Acaso no será posible proteger de mejor forma el medio
ambiente en el presente y en el futuro? A pesar del término de la
"guerra fría", seguiremos con el mismo poder y nivel de gasto
militar que en el pasado? ¿Cuál es la responsabilidad y la línea de
conducta propias de una economía más humana y, de una sociedad mejor que la
actual, en lo que se refiere al desarrollo comercial y a la integración
económica, dentro de un mundo cada vez más internacionalizado y en
particular, en lo relativo a los pobres de nuestros países, así como
también de todo el planeta?
- Las preguntas son muchas y pareciera que
ya no hubieran respuestas, más allá de las del "pensamiento
único" que ha tratado de establecerse en la última década, sin
contrapeso ni réplicas, a lo largo de América Latina. En estos años
"después de la guerra fría", es cierto que parecen haberse
terminado los enfoques globalistas
y los modelos totalizantes, paradójicamente los partidarios del "pensamiento único" y
"del fin de la historia" son los que más enfatizan y aseveran
ésta nueva creencia, demostrando así que parecen ser ellos los únicos que
no creen ni practican este nuevo aserto.
- En verdad, de la práctica de los últimos
años, todos hemos aprendido que ya no es posible ni viable el cambio
drástico y automático, ni hay
"recetas instantáneas" que resuelvan las cosas de una sola
vez y sin dificultades. En décadas pasadas, sobre todo en la década de los
años 60, se pensaba ingenuamente que bastaban la voluntad y los buenos
propósitos para modificar la realidad y conseguir en un tiempo breve un
tipo de sociedad mejor. En América Latina al menos, pagamos caro esa
ingenuidad con la pronta llegada de las dictaduras militares y gobiernos
autoritarios. Desde mediados de los años 80 y principios de los 90, el
pensamiento dominante se trasladó al polo opuesto al asumir la idea de
moda de que los países marchan solos y que poco o nada es lo que puede
hacerse, en particular desde el Estado, ya que para que las cosas vayan
mejor debe facilitarse, sin restricciones, la acción del sector privado
que es el motor de la economía y del progreso.
- Es decir, de un voluntarismo ingenuo se
pasó a una especie de ausentismo social y estatal, en donde los
preocupados del interés público debían ser una suerte de observadores
externos, inertes y complacientes de la evolución de las cosas, o en el
mejor de los casos, resignados.
- Sin embargo, en los últimos años de la
década de los 90, la idea del cambio vuelve a instalarse en nuestras
sociedades. Lentamente se generaliza la percepción de que hay mucho por
hacer, hay mucho que actualizar; sobre todo es claro que debemos cambiar
nuestros enfoques y los énfasis frente a lo que hacemos o estamos dejando
de hacer.
- 3.2
La Sociedad que Queremos
- La sociedad perfecta es aquella donde todos encuentran justicia,
trabajo y bienestar” --Aristóteles
- Hoy, en la mayoría de nuestras
instituciones y sociedades en América Latina, sabemos identificar mejor lo
que no queremos ser. Sin
embargo, la gran tarea en este tiempo, nuevamente, como muchas veces en el
pasado, es definir mejor lo que queremos ser.
- Al mejor estilo de las sociedades latinas,
nuestros análisis se siguen orientando a profundizar en los diagnósticos,
al análisis de la problemática y al examen cada vez más acabado y más
científico de los males que enfrentamos; sin embargo, la búsqueda de
caminos de salida, de soluciones viables y deseables, es un ejercicio
escaso que, contrario a lo que propician los que creen que estamos en "el fin de la historia” hoy se
hace imprescindible.
- Muchos piensan que los objetivos sociales
son difíciles de identificar, por lo cual esa tarea necesariamente debe
ser bastante compleja. Sin embargo, la experiencia histórica indica que
esto no es necesariamente así, que no es en la identificación de los
objetivos sociales en donde está la mayor dificultad. En donde existen los
mayores campos de discrepancia y dificultad, es más bien en la
identificación de los medios y en los instrumentos acordes con esos
objetivos sociales, así como en los recursos indispensables para alcanzar
esos objetivos.
- Si en términos resumidos y muy
esquemáticos, debiéramos identificar ‑desde un punto de vista de
economía social, de una economía más humana‑ cuáles son nuestros
objetivos en las sociedades latinoamericanas, a principios del siglo XXI,
podríamos decir en forma muy breve y sencilla que nuestra, aspiración es
poder contribuir a la formación de:
21. --Una sociedad en donde todas las personas sin exclusiones puedan
tener los bienes y servicios (los bienes públicos) que se merecen por el sólo
hecho de ser miembros de la sociedad, como seres humanos integrantes de una
nación.
22. --Una economía justa, donde nadie quede excluido, en donde todos tengan acceso a lo menos a un
salario básico o vital; que en especial sea una economía sensible a los más débiles, a los menos dotados, a
los que han sufrido las exclusiones o los impactos de procesos económicos
anteriores que no han puesto al ser humano en primer lugar; que abra espacios
preferentes a los más jóvenes; que no abandone y que aproveche la
experiencia de los mayores.
23. --Una sociedad atenta a las tradiciones
culturales de todos, tanto las que han dado una identidad propia a nuestros
pueblos, así como también a las de otras culturas y extranjeros.
24. --Aspiramos a una sociedad
democrática, construida participativamente, en donde la toma de decisiones
sea oportuna, equitativa e integradora, a todos los niveles; en donde se pueda
vivir con familia y mirar el futuro con ilusión, compartir la naturaleza y
mantener sus maravillas para las generaciones que vengan después de nosotros.
- Estos simples enfoques básicos son los que
parecen haberse perdido o diluido en nuestros días, siendo sustituidos en
la desorientación reinante, por instrumentos o indicadores macroeconómico
s que representan otros propósitos o que apuntan hacia otros fines. Estos
enfoques básicos son los que, en términos sencillos, representan las
aspiraciones de la inmensa mayoría de latinoamericanos que piensan, desean
e imaginan una economía más humana y una sociedad mejor que la actual, en
donde progresar y desarrollar su existencia.
- 3.3 Una Forma Más Moderna para Medir el
Progreso y el Bienestar Humano.
27.
"Los modelos de desarrollo que
hoy nos ofrecen el Oeste y el Este son compendios de horrores; podremos
nosotros inventar modelos más humanos que correspondan a lo que somos? ...podremos concebir un modelo
de desarrollo que sea nuestra versión de la modernidad?" --Octavio Paz
- A pesar de los progresos que se han
producido en el análisis económico moderno en las últimás décadas, una
cuestión determinante y no resuelta aún, o más bien resuelta sólo de
manera muy insuficiente, se refiere a la "medición del desarrollo", es decir, a las formas
concretas que nos permiten decir si avanzamos, hacia dónde avanzamos y
cuánto realmente avanzamos. Ciertamente, la cuestión de la medición de
los niveles de desarrollo es bastante compleja, sino imposible de realizar
en términos puramente económicos o cuantitativos.
- Como se sabe, la medida más simple del
"desarrollo" en el tiempo actual, o que más bien ha llegado a
ser tomada como medida del desarrollo, es la del Producto Interno Bruto (PIB), que mide el total de bienes y
servicios producidos en una economía, en un período dado (por ejemplo: un
año), el cual se establece en términos per cápita, lo cual permite las
comparaciones internacionales entre distintas economías .
- Desde el término de la Segunda Guerra
Mundial hasta la década de 1980, se produjo un amplio y profundo debate a
escala universal sobre lo que se entiende por Desarrollo. Sin perjuicio de
la enorme amplitud y diversidad de conceptos analizados en ese extenso
debate, a partir de la década de los 80 en adelante, empezó a entenderse
por "Desarrollo" y ‑en términos estrictamente económicos‑
a la capacidad de una economía nacional para generar y sostener un aumento
anual de su Producto Nacional Bruto a tasas de 5 a 7% o más por año.
- El empeño en la búsqueda del Desarrollo
alcanzó niveles tales, que las Naciones Unidas decretaron que los años 60
se constituían en el "decenio del Desarrollo", y el desarrollo
se concibió en términos de un indicador de resultado, que estaba
representado por la obtención de una tasa de crecimiento del PNB de a lo
menos 6% anual como meta. De está forma, los niveles y las tasas de
crecimiento del producto per cápita “real” (es decir, el crecimiento
monetario del producto per cápita menos la tasa de inflación de los
precios) empezaron a ser utilizados comúnmente para medir, en términos
generales, el bienestar económico global de una población, es decir,
cuantos bienes y servicios reales están a disposición del ciudadano medio
para el consumo y la inversión.
- Se ha hecho costumbre, además, que está
medición cuantitativa del desarrollo, se complemente habitualmente con una
referencia casual de indicadores sociales “no económicos”, que son de gran
aceptación general, como el aumento de la alfabetización, la escolaridad,
las condiciones sanitarias y la provisión de viviendas.
- Entonces, hemos llegado a un punto en que
lo que hoy se estudia no es el desarrollo sino el crecimiento. Cuando hoy
los economistas estudian el desarrollo económico comienzan, entonces, por modificar levemente el tema. en estudio: al menos en lo
tocante a las mediciones, lo que estudian no es desarrollo como un proceso
complejo y multidimensional, sino simplemente el crecimiento de algún
índice del volumen de producción; y procuran explicar en la mayor medida
posible ese crecimiento del producto, en términos del crecimiento de uno o
más índices de insumo.
34. El uso generalizado hoy día de una medida unidimensional como es el
producto (PIB) para representar el desarrollo económico, no ha sido algo
siempre aceptado, ni hasta el día de hoy es algo inherente al análisis
económico; es ciertamente una simplificación deliberada y como todas las
simplificaciones, no puede ser aceptada si parece no tener en cuenta lo
esencial del asunto en estudio.
- Pero no es éste el único problema o
"desvío" que se tiene cuando los economistas tratan de medir el
desarrollo. Uno de los mayores problemas con la disciplina económica es
que los economistas se concentran en las cosas que sólo pueden medir. Y
naturalmente, entre todo lo que debería medirse, aquellas cosas que pueden
ser medidas más fácilmente y con mayor precisión, son las que acaparan su
atención. Así, por ejemplo, existe consenso entre la mayoría de los
analistas de que las estadísticas respecto de los servicios que, en el
caso de la economía de Estados Unidos han llegado estimativamente a
constituir las dos terceras partes de esa economía, son inexactas por
tratarse de intangibles.
- Además de los servicios, hay muchas otras
cosas de gran importancia económica y social que los economistas ni
siquiera tratan de medir, por lo que resultan en la práctica totalmente
ignoradas en el análisis económico. El Premio Nobel de Economía de 1993, Profesor
Robert Fogel de la Universidad de
Chicago, analizó precisamente ante la American Economic Association,
algunas de esas áreas descuidadas de la economía y lo que significan para
el crecimiento y el bienestar
.
- Uno de los primeros tópicos examinados por
el Prof. Fogel, es el problema de la
tecnología, ya que, aunque los economistas hablan de tecnología, se
trata de una de esas áreas difíciles de cuantificar y más desconocidas
para ellos, aun cuando existe un amplio consenso de que el crecimiento a
largo plazo depende crucialmente de los avances tecnológicos. Cuando el
Prof. R. Fogel se refiere en su análisis a la tecnología en términos
históricos, destaca que los cambios tecnológicos se aceleraron
dramáticamente alrededor del año 1700 en adelante, y se han acelerado aún
más en nuestro tiempo. Sin embargo, esa aceleración de la tecnología no ha
sido tomada en cuenta en los análisis ni en las mediciones por la mayoría
de los economistas, porque, en general, éstos sólo toman en cuenta en sus
análisis periodos más bien breves y, además, no saben cómo medirla.
- Ya en la época actual, Robert Fogel
insiste en que los economistas han dejado enteramente de lado el impacto
que la informática y las
computadoras han significado en la productividad laboral. Existe un
amplio consenso de que las computadoras han afectado enormemente la
productividad, pero como los economistas no saben cómo medir su impacto,
tienden a ignorar este gran cambio.
- También el Prof. Fogel considera que si la
tecnología ha quedado afuera, con mayor razón los economistas han dejado
de estimar la actividad económica que se produce al margen del mercado.
Así, por ejemplo, en América Latina la creciente magnitud del trabajo informal en alta
proporción no es considerada en las mediciones económicas; en igual forma
en todos los países, desarrollados y en desarrollo, el trabajo voluntario ha tenido un
gran crecimiento, es decir, éste se refiere a todos aquellos trabajos que
la gente hace sin recibir una remuneración, por su propia voluntad, pero
que no son considerados porque los economistas sólo miden las actividades
por los ingresos concretos que se generan.
- Otro ámbito de gran significación y que el
Prof. R. Fogel destaca muy especialmente es el ámbito espiritual, es decir, todos los factores no
materiales del bienestar, que también los economistas excluyen, ya que se
limitan exclusivamente al consumo material. Sin embargo, crecientemente se
ha reconocido ‑aun entre los mismos economistas que los factores
espirituales son cada día más importantes para la felicidad humana, ya,
que el crecimiento económico de las últimas décadas ha hecho que
desaparezcan progresivamente muchas de las necesidades materiales del
pasado. Muchos economistas han estimado que hasta hace 100 años, sólo 10%
de la población norteamericana tenía ingresos por encima de lo que
actualmente estimamos como el nivel o la línea de pobreza. Hoy, en cambio,
en Estados Unidos se pueden satisfacer las necesidades humanas básicas
materiales trabajando casi un mínimo. Con esas necesidades básicas ya
satisfechas y con bastante más tiempo libre ‑como lo destaca no sólo
el Prof. Fogel sino muchos otros científicos sociales‑ la mejoría de
nuestro bienestar general depende ahora crecientemente de nuestro
bienestar espiritual, con lo cual el bienestar espiritual empieza a ser
determinante para la felicidad de la mayoría de la gente. El Prof. Fogel
estima aún más, que a lo menos la mitad de nuestro consumo real al día de
hoy consiste en bienes espirituales, los cuales increíblemente no son estimados
o son totalmente ignorados por los economistas.
- En las últimás dos décadas, conforme al
resurgimiento de las ideas neoliberales y contrario a los grandes vacíos
mencionados, se ha desarrollado en los grandes centros de poder
económico y financiero una
renovada tendencia a medir sólo el "el
crecimiento económico ", y a denominarlo "desarrollo
económico". A lo más, se han desarrollado indicadores de
"competitividad", índices financieros y de rentabilidad de los
negocios, que no miden precisamente el desarrollo ni tampoco el progreso
humano. Dada la creciente influencia de las finanzas y de los movimientos
de capital en el medio internacional, las páginas de los periódicos
económico s así como los noticieros de la televisión internacional, se
ven hoy repletos de cifras y valores, en su mayoría desarrollados por los
grandes bancos, agencias clasificadoras de riesgo o por el World Economic
Forum, que representan precios de activos, acciones, commodities, tasas de
interés, monedas o tipos de cambio y muchos otros, que poco tienen que ver
con el Desarrollo, el progreso y el bienestar de las personas, la
reducción de la pobreza o la mejora de la calidad de vida.
- El desarrollo, sin embargo, es un proceso
mucho más amplio e importante. El desarrollo humano y social—de personas
libres, que son capaces de sustentarse a sí mismas, que viven y trabajan
en comunidad y no se encuentran enajenadas—es bastante más importante que
el desarrollo o producción de cantidades cada vez mayores de bienes
materiales o el desarrollo o aumento de papeles y valores financieros.
- Es cierto que se han desarrollado también
numerosos otros métodos más complejos para medir los niveles de
desarrollo económico. Entre ellos, por ejemplo, el índice compuesto de
Harbison‑Myers, el cual es probablemente el más avanzado, ya que no
sólo se enfoca en los niveles de ingreso y producción de cierta economía,
sino también en los de desarrollo de los recursos humanos. Sin embargo,
los Organismos Internacionales y las autoridades económicas de los países
no han llegado a aplicarlo, manteniéndose los métodos limitados e
insuficientes actuales, que nuestros gobiernos siguen aplicando en forma
mecánica y casi sin mejoras, a pesar de las recomendaciones al respecto
.
- En último término, es claro que con los
indicadores actualmente vigentes o predominantes en nuestro medio, se
están midiendo procesos distintos o parciales, que no alcanzan ni
corresponden a la totalidad del desarrollo. El problema principal con
estos indicadores es que se promueven políticas o medidas económicas y
sociales que apuntan en sentido distinto y que incluso, en algunos casos,
perjudican o profundizan resultados
indeseados del proceso económico.
- Los indicadores actualmente vigentes o
predominantes, como se ha mencionado, se centran en el progreso material
posible de medir, el cual es un componente importante del Desarrollo, pero
está lejos de ser el único. Esto es así, porque el Desarrollo no es un
fenómeno solamente económico, según se ha llegado a entender en las
economías más avanzadas, sino que debe abarcar algo más que el aspecto
material y financiero de la vida de las personas.
- Aparte de aumentos en los ingresos y en la
producción, el desarrollo involucra típicamente cambios sustantivos en las
estructuras institucionales, sociales y administrativas, así como también ‑y
muy especialmente‑ en "los valores, las actitudes y a veces aún
en las costumbres y en las creencias de las personas".
Por lo mismo, un número creciente de economistas y de responsables de las
políticas económicas, ya en la década de los años setenta, elevó un clamor
en Naciones Unidas para "la sustitución del producto" como
"el indicador" del desarrollo y la búsqueda de un nuevo
indicador que ponderara en mayor medida la promoción más clara y
diferenciada de las personas, los ataques directos a la pobreza absoluta
y generalizada, así como también a la corrección de la distribución cada
vez más desigual del ingreso y al espectro del desempleo creciente.
- En respuesta a lo anterior, desde fines de
los años 80 Naciones Unidas ha desarrollado un nuevo concepto, el de Índice del Desarrollo Humano, el
que a su vez se relaciona con otras dos ideas fundamentales que, durante
las últimas décadas, han surgido en la literatura y en el análisis
dedicado al desarrollo. La primera de éstas ideas, que apareció a mediado
de los años 70, establece como objetivo fundamental del desarrollo
económico la de satisfacer "las necesidades básicas" de
los habitantes de un país y de todos los países. La segunda idea,
proveniente también del enfoque de las necesidades básicas la cual
amplió, surgió en los años 80 y afirma que el desarrollo sostenible debe convertirse en el fundamento de
las estrategias modernas del desarrollo, esto es, debe atender las
necesidades de la generación actual sin limitar la capacidad de las
generaciones futuras para que se desarrollen en el ámbito económico
social, político y ecológico.
48.
El Indice de Desarrollo Humano
- Desde 1990 en adelante, el PNUD empezó a
publicar el "Índice de Desarrollo Humano", el que ha sido
sistemáticamente perfeccionado y en el momento actual combina tres
elementos fundamentales del desarrollo humano de las personas: en primer
lugar la longevidad, como
reflejo de la esperanza de vida y de la salud de los habitantes de una
sociedad; en segundo lugar, el nivel
de educación o de conocimientos, medido a través del alfabetismo de la
población adulta y en años promedio de instrucción escolar; y en tercer
lugar, el nivel de vida, medido a través del Producto
Interno Bruto (PIB) real per cápita, ajustado al costo local de la vida y
la paridad del poder adquisitivo .
- Lo más interesante de este esfuerzo del
PNUD, es que detrás del desarrollo del Índice de Desarrollo Humano se ha
tratado de llevar adelante un serio empeño por formular un nuevo
paradigma que coloca al ser humano en
el centro del análisis. En está perspectiva, el objetivo del desarrollo
debe permitirles a todos los seres humanos, esto es a los que hoy están
con vida, así como a las futuras generaciones y a los que viven tanto en
países desarrollados como en países subdesarrollados, desarrollar sus
capacidades económicas, sociales, culturales y políticas.
- El PNUD sostiene, además, que este
indicador debe ser considerado como una "medida mínima",
ilustrativa de "la capacidad de la gente para lograr vidas largas y
sanas; comunicarse y conocer suficientemente las actividades de la
comunidad, y contar con recursos suficientes para conseguir un nivel de
vida razonable..." (PNUD: 1993).
- En su forma actual, Naciones Unidas considera
que el Índice de Desarrollo Humano ofrece una mejor medida del progreso
socioeconómico de los países que el simple PIB per cápita. Más aún, puede
emplearse para evaluar el progreso a lo largo del tiempo, para orientar la
formulación de políticas y tener una base más amplia que permita comparar
las experiencias de varios países.
- No es posible describir aquí los múltiples
resultados e interesantes antecedentes que entrega el IDH, los que han
sido resumidos y publicados anualmente por el PNUD; sin embargo,
claramente ha permitido una clasificación de los países de una manera
distinta al ordenamiento que entrega el PIB per cápita. Así, por ejemplo,
en el caso de América Latina, un país como Costa Rica que ocupa el lugar
75 entre 170 países en el PIB, le corresponde la posición 39 en la escala
del Índice de Desarrollo Humano, posiblemente porque ofrece una mucho
mejor instrucción básica y buenas condiciones de salud a su población que
lo que indica su posición en la producción per cápita. Por el contrario,
un país como Brasil, que ocupa el lugar 52 en el PIB per cápita, tiene una
posición más baja en el IDH, probablemente por las razones opuestas.
(Véase PNUD, Índice de Desarrollo
Humano, 1994).
- Es claro que la concreción metodológica
del IDH no da cuenta de toda la riqueza conceptual y teórica del
desarrollo humano y tampoco la agota, es decir, el índice no es el
concepto. La pérdida de información que se produce es propia del proceso
de elaboración de indicadores socio‑económicos y se explica por la
aspiración de multidimensionalidad del fenómeno. La estructura
metodológica actual del IDH es la resultante del esfuerzo hecho por el
PNUD por construir un índice comparable entre países, lo cual ha
requerido escoger un número escogido y reducido de indicadores, para los
cuales debía contarse con información estadística completa y confiable y
con capacidad discriminativa entre países.
- Cuando el PNUD destaca que: "el
desarrollo humano es el proceso por el cual se amplían las oportunidades
del ser humano" (PNUD: 1993), está especialmente destacando que
resulta insuficiente el sólo crecimiento económico, aun cuando éste puede
ser muy importante. Tampoco se agota en las visiones acerca del desarrollo
social que, por un lado, considera a las personas más bien como un
"insumo" para el desarrollo (por ejemplo: las teorías del capital humano); o bien sólo como "beneficiario" del
desarrollo (por ejemplo el enfoque del bienestar social y otros). Bajo
esta concepción del desarrollo humano, la persona es un fin en sí mismo y
no sólo un medio de producción.
- El concepto del desarrollo humano,
entonces, en un sentido amplio, intenta rescatar la centralidad del ser
humano como gestor y beneficiario del desarrollo. En este sentido, rescata
también el objetivo básico y fundamental que se desea medir en la búsqueda
del Desarrollo, esto es, el progreso humano a partir de las condiciones
fisiológicas, intelectuales, comunicacionales y materiales para elevar la
calidad. de vida que se lleva. Por esto, una de las primeras y cruciales
tareas en la construcción de
una economía más humana y una sociedad mejor que la actual, es la de
establecer los indicadores económico ‑sociales apropiados y
pertinentes, que efectivamente midan los factores y elementos que se desea
medir y que realmente apunten en la dirección de los objetivos que se
desea servir.
- El Índice de Desarrollo Humano" es un
indicador que claramente cumple de manera más adecuada con los objetivos y
requisitos descritos, en mejor forma que el PIB y otros indicadores derivados,
por lo cual será fundamental establecerlo en el país desde temprano en el
proceso de cambio que se inicie. Es deseable que sea elaborado anualmente
por las Oficinas Nacionales u Oficiales de Estadísticas, que ojalá sean
las mismas que llevan las Cuentas Nacionales del Producto y del Ingreso
Nacional y que, además, se construya desde sus inicios desagregadamente,
es decir, por regiones del país, las cuales pueden presentar grandes
diferencias entre sí.
- Mediante la construcción y consideración
del "Índice de Desarrollo Humano" en un país, no se trata de
terminar con los indicadores económicos, sociales o financieros de la
economía capitalista actual, sino más bien de relevar y destacar dos
aspectos fundamentales del Desarrollo: en primer lugar, la importante
necesidad de disponer de estadísticas e indicadores pertinentes que efectivamente midan e informen
sobre lo que se desea medir, en especial en países o regiones interiores
más subdesarrolladas; y en segundo lugar, que la construcción y
disponibilidad de estadísticas e indicadores apropiados para la búsqueda
de una economía más humana y una sociedad mejor que la actual, es un
requisito básico para la elaboración de una "Estrategia de Desarrollo
Humano", que permita a su vez la selección y programación de las
políticas públicas y privadas, y los esfuerzos del desarrollo en general,
los que deben orientarse ahora a aumentar las oportunidades y la participación
plena de todas las personas.
- El conjunto de consideraciones anteriores,
indica que el tema de la selección de los indicadores, índices, variables
o mediciones de la evolución de los asuntos económicos y sociales, que
efectivamente apunten, representen o correspondan al logro de los
objetivos que se establezcan en el modelo o estrategia de desarrollo de
que se trate, no es una cuestión trivial o de segundo orden; por el
contrario, es un asunto crucial y de la mayor importancia, en especial
cuando se trata de la búsqueda de una economía más humana y una sociedad
mejor que la actual.
- En síntesis, podríamos decir que la
identificación y selección de los indicadores o mediciones pertinentes
corresponde a encontrar los hitos o señalizaciones en la carta de
navegación o en el camino trazado, que permiten garantizar la
direccionalidad y el sentido de los esfuerzos que se realizan en pos de un
determinado objetivo. La mayoría de las veces los economistas, políticos u
otros analistas preocupados de los asuntos públicos, tienden a ignorarlos
o a no precisarlos debidamente. Sin embargo, la experiencia enseña que
estos indicadores deben especificarse desde los inicios mismos de un
proceso de cambio o de cualquier programa de mejoras económicas o
sociales, ya que de otra forma no se logrará conocer sus avances o
retrocesos reales, ni si las medidas que se adoptan o las políticas que se
siguen apuntan en la dirección que se desea.
En el medio internacional, a
fines de la década de los 90, ha existido cierto consenso en definir a los
países en tres niveles: 1) los subdesarrollados, con menos de US$ 1.000 per
cápita; 2) los de nivel intermedio, que alcanzan entre US$ 1.000 a US$ 5.000
per cápita; y 3) los más desarrollados, que exhiben un producto superior a US$
5.000 per cápita o más.
Veáse Robert Fogel
(1999): "Catching Up with the
Economy" en: American Economic
Review, Vol. 89, N' 1, Marzo 1999
A principios de los 90,
Naciones Unidas propuso un sinnúmero de ampliaciones y mejoras al Sistema de
Cuentas Nacionales con que los países miden su Ingreso Nacional. Entre estás
mejoras, se sugirió el desarrollo de las Cuentas Satélites para la
consideración del medio ambiente y del daño
ecológico que produce el crecimiento económico. Sin embargo, hasta fines
de los 90, casi ningún gobierno de la Región había iniciado su consideración o
puesta en práctica. Para mayor información, véase Sistema Revisado de Cuentas Nacionales, 1993
de Naciones Unidas.
Por la brevedad y distinto
sentido de este texto, no nos referiremos a los requisitos y diferentes dimensiones nacionales e
internacionales del Desarrollo; tampoco se examinaran los distintos enfoques
conceptuales que han existido sobre el Desarrollo Económico.
En términos esquemáticos, la
estructura del índice de Desarrollo Humano (IDH) responde a su característica
de índice sumatorio no ponderado. Según sus dimensiones componentes: (índice de salud + índice de educación +
índice de ingresos) / 3
Según
las variables específicas que hasta ahora lo componen :
(Esperanza
de vida+[(alfabetismo x 2/3)+(matricula combinada x 1/3)]+PGB per cápita
ajustado) / 3