Espinosa, Juan Guillermo (2001), Economia Neoliberal  vs. Economia Social en America Latina, Santiago, Chile: Dolmen Ediciones, S.A.

 

  1. CAPÍTULO III

 

  1. ¿QUÉ HACER?
  2. UNA NUEVA FORMA DE MIRAR LAS COSAS

 

4.     Conceptos y Enfoques Globales

 

  1. 3.1 La Necesidad de Cambiar

 

  1. A fines de siglo se llega a un punto en el que, por un lado, desaparece uno de los referentes o enfoques principales de los últimos setenta años, esto es, la economía centralmente planificada, y por otro, sólo queda en funcionamiento el sistema de "economía de mercado de tipo capitalista", el que en diversas formas y con distintos énfasis, se extiende en su aplicación a casi todos los rincones del planeta.

 

  1. En la alternativa entre el sistema de economía centralmente planificada y el sistema económico predominante en la actualidad, éste llega a alcanzar la posición que ahora ocupa, más que por su éxito ante aquél, por el quiebre o la caída propia de ese sistema. Por lo mismo, no pasa un día en nuestras sociedades sin que haya un comentario crítico o múltiples quejas ‑en la prensa, en los medios de radio y televisión, en centros académicos, en libros u otras publicaciones‑ sobre lo que está mal en está economía, aparentemente sin alternativas.

 

  1. A pesar de sus grandes logros e importantes resultados alcanzados, cada día que pasa se ve más claro que el sistema predominante está plagado de insuficiencias y, desde el punto de vista de las necesidades y aspiraciones humanas, no es la economía ni la sociedad que deseamos.

 

  1. Un problema severo en la hora actual, para los que aún piensan que las ideas van primero que la acción, es que el vacío intelectual y la pérdida de alternativas son de tal magnitud, que es fundamental replantearse algunas orientaciones y medidas que nos encaminen hacia una economía más humana y una sociedad mejor que la actual.

 

  1. En está hora de desorientación y pérdida de paradigmas básicos, es determinante investigar y reestablecer más detalladamente qué es lo que estaría bien, qué sería exactamente una economía y una sociedad mejor que la actual. Desde el punto de vista de una verdadera economía social, hacia qué debemos dirigirnos. Una vez reconocidos tanto el estado de situación como las tendencias adversas a las que se llega a fines de siglo, qué debe hacerse. ¿No hay algunas tareas que deban emprenderse para mejorar la eficiencia social de las políticas económicas actuales, para elevar los servicios públicos del estado y hacerlos más accesibles, más equitativos y eficientes, desde un punto de vista social? ¿Cómo se puede elevar la equidad en nuestros días? ¿Qué sólo será posible reducir el desempleo a través de un crecimiento que ocupa cada vez a menos personas y destruye más aceleradamente el entorno que lo demanda? ¿Acaso no será posible proteger de mejor forma el medio ambiente en el presente y en el futuro? A pesar del término de la "guerra fría", seguiremos con el mismo poder y nivel de gasto militar que en el pasado? ¿Cuál es la responsabilidad y la línea de conducta propias de una economía más humana y, de una sociedad mejor que la actual, en lo que se refiere al desarrollo comercial y a la integración económica, dentro de un mundo cada vez más internacionalizado y en particular, en lo relativo a los pobres de nuestros países, así como también de todo el planeta?

 

  1. Las preguntas son muchas y pareciera que ya no hubieran respuestas, más allá de las del "pensamiento único" que ha tratado de establecerse en la última década, sin contrapeso ni réplicas, a lo largo de América Latina. En estos años "después de la guerra fría", es cierto que parecen haberse terminado los enfoques globalistas y los modelos totalizantes, paradójicamente los partidarios del "pensamiento único" y "del fin de la historia" son los que más enfatizan y aseveran ésta nueva creencia, demostrando así que parecen ser ellos los únicos que no creen ni practican este nuevo aserto.

 

  1. En verdad, de la práctica de los últimos años, todos hemos apren­dido que ya no es posible ni viable el cambio drástico y automático, ni hay "recetas instantáneas" que resuelvan las cosas de una sola vez y sin dificultades. En décadas pasadas, sobre todo en la década de los años 60, se pensaba ingenuamente que bastaban la voluntad y los bue­nos propósitos para modificar la realidad y conseguir en un tiempo bre­ve un tipo de sociedad mejor. En América Latina al menos, pagamos caro esa ingenuidad con la pronta llegada de las dictaduras militares y gobiernos autoritarios. Desde mediados de los años 80 y principios de los 90, el pensamiento dominante se trasladó al polo opuesto al asumir la idea de moda de que los países marchan solos y que poco o nada es lo que puede hacerse, en particular desde el Estado, ya que para que las cosas vayan mejor debe facilitarse, sin restricciones, la acción del sec­tor privado que es el motor de la economía y del progreso.

 

  1. Es decir, de un voluntarismo ingenuo se pasó a una especie de ausentismo social y estatal, en donde los preocupados del interés público debían ser una suerte de observadores externos, inertes y complacientes de la evolución de las cosas, o en el mejor de los casos, resignados.

 

  1. Sin embargo, en los últimos años de la década de los 90, la idea del cambio vuelve a instalarse en nuestras sociedades. Lentamente se generaliza la percepción de que hay mucho por hacer, hay mucho que actualizar; sobre todo es claro que debemos cambiar nuestros enfoques y los énfasis frente a lo que hacemos o estamos dejando de hacer.

 

 

 


  1. 3.2 La Sociedad que Queremos

 

 

  1. La sociedad perfecta es aquella donde todos encuentran justicia, trabajo y bienestar”                                --Aristóteles

 

  1. Hoy, en la mayoría de nuestras instituciones y sociedades en América Latina, sabemos identificar mejor lo que no queremos ser. Sin embargo, la gran tarea en este tiempo, nuevamente, como muchas veces en el pasado, es definir mejor lo que queremos ser.

 

  1. Al mejor estilo de las sociedades latinas, nuestros análisis se siguen orientando a profundizar en los diagnósticos, al análisis de la problemática y al examen cada vez más acabado y más científico de los males que enfrentamos; sin embargo, la búsqueda de caminos de salida, de soluciones viables y deseables, es un ejercicio escaso que, contrario a lo que propician los que creen que estamos en "el fin de la historia” hoy se hace imprescindible.

 

  1. Muchos piensan que los objetivos sociales son difíciles de iden­tificar, por lo cual esa tarea necesariamente debe ser bastante compleja. Sin embargo, la experiencia histórica indica que esto no es necesaria­mente así, que no es en la identificación de los objetivos sociales en donde está la mayor dificultad. En donde existen los mayores campos de discrepancia y dificultad, es más bien en la identificación de los medios y en los instrumentos acordes con esos objetivos sociales, así como en los recursos indispensables para alcanzar esos objetivos.

 

  1. Si en términos resumidos y muy esquemáticos, debiéramos identificar ‑desde un punto de vista de economía social, de una economía más humana‑ cuáles son nuestros objetivos en las sociedades latinoamericanas, a principios del siglo XXI, podríamos decir en for­ma muy breve y sencilla que nuestra, aspiración es poder contribuir a la formación de:

 

21.  --Una sociedad en donde todas las personas sin exclusiones pue­dan tener los bienes y servicios (los bienes públicos) que se merecen por el sólo hecho de ser miembros de la sociedad, como seres humanos integrantes de una nación.

 

22.  --Una economía justa, donde nadie quede excluido, en donde todos tengan acceso a lo menos a un salario básico o vital; que en especial sea una economía sensible a los más débiles, a los menos dotados, a los que han sufrido las exclusiones o los im­pactos de procesos económicos anteriores que no han puesto al ser humano en primer lugar; que abra espacios preferentes a los más jóvenes; que no abandone y que aproveche la experiencia de los mayores.

 

23.  --Una sociedad atenta a las tradiciones culturales de todos, tanto las que han dado una identidad propia a nuestros pueblos, así como también a las de otras culturas y extranjeros.

 

24.  --Aspiramos a una sociedad democrática, construida participa­tivamente, en donde la toma de decisiones sea oportuna, equita­tiva e integradora, a todos los niveles; en donde se pueda vivir con familia y mirar el futuro con ilusión, compartir la naturaleza y mantener sus maravillas para las generaciones que vengan después de nosotros.

 

  1. Estos simples enfoques básicos son los que parecen haberse perdido o diluido en nuestros días, siendo sustituidos en la desorientación reinante, por instrumentos o indicadores macroeconómico s que repre­sentan otros propósitos o que apuntan hacia otros fines. Estos enfoques básicos son los que, en términos sencillos, representan las aspiraciones de la inmensa mayoría de latinoamericanos que piensan, desean e ima­ginan una economía más humana y una sociedad mejor que la actual, en donde progresar y desarrollar su existencia.

 


  1. 3.3 Una Forma Más Moderna para Medir el Progreso y el Bienestar Humano.

 

27.  "Los modelos de desarrollo que hoy nos ofrecen el Oeste y el Este son compendios de horrores; podremos nosotros inventar modelos más humanos que correspondan a lo que somos? ...podremos concebir un modelo de desarrollo que sea nuestra versión de la modernidad?"           --Octavio Paz[1]

 

  1. A pesar de los progresos que se han producido en el análisis económico moderno en las últimás décadas, una cuestión determinante y no resuelta aún, o más bien resuelta sólo de manera muy insuficiente, se refiere a la "medición del desarrollo", es decir, a las formas concre­tas que nos permiten decir si avanzamos, hacia dónde avanzamos y cuán­to realmente avanzamos. Ciertamente, la cuestión de la medición de los niveles de desarrollo es bastante compleja, sino imposible de realizar en términos puramente económicos o cuantitativos.

 

  1. Como se sabe, la medida más simple del "desarrollo" en el tiempo actual, o que más bien ha llegado a ser tomada como medida del desarrollo, es la del Producto Interno Bruto (PIB), que mide el total de bienes y servicios producidos en una economía, en un período dado (por ejemplo: un año), el cual se establece en términos per cápita, lo cual permite las comparaciones internacionales entre distintas economías[2] .

 

  1. Desde el término de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1980, se produjo un amplio y profundo debate a escala universal sobre lo que se entiende por Desarrollo. Sin perjuicio de la enorme amplitud y diversidad de conceptos analizados en ese extenso debate, a partir de la década de los 80 en adelante, empezó a entenderse por "De­sarrollo" y ‑en términos estrictamente económicos‑ a la capacidad de una economía nacional para generar y sostener un aumento anual de su Producto Nacional Bruto a tasas de 5 a 7% o más por año.

 

  1. El empeño en la búsqueda del Desarrollo alcanzó niveles tales, que las Naciones Unidas decretaron que los años 60 se constituían en el "decenio del Desarrollo", y el desarrollo se concibió en términos de un indicador de resultado, que estaba representado por la obtención de una tasa de crecimiento del PNB de a lo menos 6% anual como meta. De está forma, los niveles y las tasas de crecimiento del producto per cápita “real” (es decir, el crecimiento monetario del producto per cápita me­nos la tasa de inflación de los precios) empezaron a ser utilizados comúnmente para medir, en términos generales, el bienestar económico global de una población, es decir, cuantos bienes y servicios reales están a disposición del ciudadano medio para el consumo y la inversión.

 

  1. Se ha hecho costumbre, además, que está medición cuantitativa del desarrollo, se complemente habitualmente con una referencia ca­sual de indicadores sociales “no económicos”, que son de gran acepta­ción general, como el aumento de la alfabetización, la escolaridad, las condiciones sanitarias y la provisión de viviendas.

 

  1. Entonces, hemos llegado a un punto en que lo que hoy se estudia no es el desarrollo sino el crecimiento. Cuando hoy los economistas estudian el desarrollo económico  comienzan, entonces, por modificar leve­mente el tema. en estudio: al menos en lo tocante a las mediciones, lo que estudian no es desarrollo como un proceso complejo y multidimensional, sino simplemente el crecimiento de algún índice del volumen de producción; y procuran explicar en la mayor medida posible ese crecimiento del producto, en términos del crecimiento de uno o más índices de insumo.

 

34.  El uso generalizado hoy día de una medida unidimensional como es el producto (PIB) para representar el desarrollo económico, no ha sido algo siempre aceptado, ni hasta el día de hoy es algo inherente al análisis económico; es ciertamente una simplificación deliberada y como todas las simplificaciones, no puede ser aceptada si parece no tener en cuenta lo esencial del asunto en estudio.

 

  1. Pero no es éste el único problema o "desvío" que se tiene cuando los economistas tratan de medir el desarrollo. Uno de los mayores problemas con la disciplina económica es que los economistas se con­centran en las cosas que sólo pueden medir. Y naturalmente, entre todo lo que debería medirse, aquellas cosas que pueden ser medidas más fácilmente y con mayor precisión, son las que acaparan su atención. Así, por ejemplo, existe consenso entre la mayoría de los analistas de que las estadísticas respecto de los servicios que, en el caso de la economía de Estados Unidos han llegado estimativamente a constituir las dos ter­ceras partes de esa economía, son inexactas por tratarse de intangibles.

 

  1. Además de los servicios, hay muchas otras cosas de gran importancia económica y social que los economistas ni siquiera tratan de medir, por lo que resultan en la práctica totalmente ignoradas en el análisis económico. El Premio Nobel de Economía de 1993, Profesor Robert  Fogel de la Universidad de Chicago, analizó precisamente ante la American Economic Association, algunas de esas áreas descuidadas de la economía y lo que significan para el crecimiento y el bienestar[3] .

 

  1. Uno de los primeros tópicos examinados por el Prof. Fogel, es el problema de la tecnología, ya que, aunque los economistas hablan de tecnología, se trata de una de esas áreas difíciles de cuantificar y más desconocidas para ellos, aun cuando existe un amplio consenso de que el crecimiento a largo plazo depende crucialmente de los avances tec­nológicos. Cuando el Prof. R. Fogel se refiere en su análisis a la tecnología en términos históricos, destaca que los cambios tecnológicos se aceleraron dramáticamente alrededor del año 1700 en adelante, y se han acelerado aún más en nuestro tiempo. Sin embargo, esa aceleración de la tecnología no ha sido tomada en cuenta en los análisis ni en las mediciones por la mayoría de los economistas, porque, en general, éstos sólo toman en cuenta en sus análisis periodos más bien breves y, además, no saben cómo medirla.

 

  1. Ya en la época actual, Robert Fogel insiste en que los economis­tas han dejado enteramente de lado el impacto que la informática y las computadoras han significado en la productividad laboral. Existe un amplio consenso de que las computadoras han afectado enormemente la productividad, pero como los economistas no saben cómo medir su impacto, tienden a ignorar este gran cambio.

 

  1. También el Prof. Fogel considera que si la tecnología ha queda­do afuera, con mayor razón los economistas han dejado de estimar la actividad económica que se produce al margen del mercado. Así, por ejemplo, en América Latina la creciente magnitud del trabajo infor­mal en alta proporción no es considerada en las mediciones económicas; en igual forma en todos los países, desarrollados y en desarrollo, el trabajo voluntario ha tenido un gran crecimiento, es decir, éste se re­fiere a todos aquellos trabajos que la gente hace sin recibir una remune­ración, por su propia voluntad, pero que no son considerados porque los economistas sólo miden las actividades por los ingresos concretos que se generan.

 

  1. Otro ámbito de gran significación y que el Prof. R. Fogel destaca muy especialmente es el ámbito espiritual, es decir, todos los facto­res no materiales del bienestar, que también los economistas excluyen, ya que se limitan exclusivamente al consumo material. Sin embargo, crecientemente se ha reconocido ‑aun entre los mismos economistas­ que los factores espirituales son cada día más importantes para la felici­dad humana, ya, que el crecimiento económico de las últimas décadas ha hecho que desaparezcan progresivamente muchas de las necesidades materiales del pasado. Muchos economistas han estimado que hasta hace 100 años, sólo 10% de la población norteamericana tenía ingresos por encima de lo que actualmente estimamos como el nivel o la línea de pobreza. Hoy, en cambio, en Estados Unidos se pueden satisfacer las necesidades humanas básicas materiales trabajando casi un mínimo. Con esas necesidades básicas ya satisfechas y con bastante más tiempo libre ‑como lo destaca no sólo el Prof. Fogel sino muchos otros científicos sociales‑ la mejoría de nuestro bienestar general depende ahora crecientemente de nuestro bienestar espiritual, con lo cual el bienestar espiritual empieza a ser determinante para la felicidad de la mayoría de la gente. El Prof. Fogel estima aún más, que a lo menos la mitad de nuestro consumo real al día de hoy consiste en bienes espirituales, los cuales increíblemente no son estimados o son totalmente ignorados por los economistas.

 

  1. En las últimás dos décadas, conforme al resurgimiento de las ideas neoliberales y contrario a los grandes vacíos mencionados, se ha desarrollado en los grandes centros de poder económico  y financiero una renovada tendencia a medir sólo el "el crecimiento económico ", y a denominarlo "desarrollo económico". A lo más, se han desarrollado indicadores de "competitividad", índices financieros y de rentabilidad de los negocios, que no miden precisamente el desarrollo ni tampoco el progreso humano. Dada la creciente influencia de las finanzas y de los movimientos de capital en el medio internacional, las páginas de los periódicos económico s así como los noticieros de la televisión interna­cional, se ven hoy repletos de cifras y valores, en su mayoría desarrollados por los grandes bancos, agencias clasificadoras de riesgo o por el World Economic Forum, que representan precios de activos, acciones, commodities, tasas de interés, monedas o tipos de cambio y muchos otros, que poco tienen que ver con el Desarrollo, el progreso y el bien­estar de las personas, la reducción de la pobreza o la mejora de la cali­dad de vida.

 

  1. El desarrollo, sin embargo, es un proceso mucho más amplio e importante. El desarrollo humano y social—de personas libres, que son capaces de sustentarse a sí mismas, que viven y trabajan en comu­nidad y no se encuentran enajenadas—es bastante más importante que el desarrollo o producción de cantidades cada vez mayores de bienes materiales o el desarrollo o aumento de papeles y valores financieros.

 

  1. Es cierto que se han desarrollado también numerosos otros mé­todos más complejos para medir los niveles de desarrollo económico. Entre ellos, por ejemplo, el índice compuesto de Harbison‑Myers, el cual es probablemente el más avanzado, ya que no sólo se enfoca en los niveles de ingreso y producción de cierta economía, sino también en los de desarrollo de los recursos humanos. Sin embargo, los Organismos Internacionales y las autoridades económicas de los países no han llegado a aplicarlo, manteniéndose los métodos limitados e insuficientes actuales, que nuestros gobiernos siguen aplicando en forma mecánica y casi sin mejoras, a pesar de las recomendaciones al respecto[4] .

 

  1. En último término, es claro que con los indicadores actualmente vigentes o predominantes en nuestro medio, se están midiendo procesos distintos o parciales, que no alcanzan ni corresponden a la totalidad del desarrollo. El problema principal con estos indicadores es que se promueven políticas o medidas económicas y sociales que apuntan en sentido distinto y que incluso, en algunos casos, perjudican o profundizan resultados indeseados del proceso económico.

 

  1. Los indicadores actualmente vigentes o predominantes, como se ha mencionado, se centran en el progreso material posible de medir, el cual es un componente importante del Desarrollo, pero está lejos de ser el único. Esto es así, porque el Desarrollo no es un fenómeno solamente económico, según se ha llegado a entender en las economías más avanzadas, sino que debe abarcar algo más que el aspecto material y financiero de la vida de las personas.

 

  1. Aparte de aumentos en los ingresos y en la producción, el desarrollo involucra típicamente cambios sustantivos en las estructuras institucionales, sociales y administrativas, así como también ‑y muy especialmente‑ en "los valores, las actitudes y a veces aún en las costumbres y en las creencias de las personas"[5]. Por lo mismo, un número creciente de economistas y de responsables de las políticas económicas, ya en la década de los años setenta, elevó un clamor en Naciones Unidas para "la sustitución del producto" como "el indicador" del desarrollo y la búsqueda de un nuevo indicador que ponderara en mayor medida la promoción más clara y diferenciada de las personas, los ata­ques directos a la pobreza absoluta y generalizada, así como también a la corrección de la distribución cada vez más desigual del ingreso y al espectro del desempleo creciente.

 

  1. En respuesta a lo anterior, desde fines de los años 80 Naciones Unidas ha desarrollado un nuevo concepto, el de Índice del Desarrollo Humano, el que a su vez se relaciona con otras dos ideas fundamenta­les que, durante las últimas décadas, han surgido en la literatura y en el análisis dedicado al desarrollo. La primera de éstas ideas, que apareció a mediado de los años 70, establece como objetivo fundamental del de­sarrollo económico  la de satisfacer "las necesidades básicas" de los habitantes de un país y de todos los países. La segunda idea, provenien­te también del enfoque de las necesidades básicas la cual amplió, surgió en los años 80 y afirma que el desarrollo sostenible debe convertirse en el fundamento de las estrategias modernas del desarrollo, esto es, debe atender las necesidades de la generación actual sin limitar la capa­cidad de las generaciones futuras para que se desarrollen en el ámbito económico social, político y ecológico.

 

 

48.                        El Indice de Desarrollo Humano

 

  1. Desde 1990 en adelante, el PNUD empezó a publicar el "Índice de Desarrollo Humano", el que ha sido sistemáticamente perfeccionado y en el momento actual combina tres elementos fundamentales del de­sarrollo humano de las personas: en primer lugar la longevidad, como reflejo de la esperanza de vida y de la salud de los habitantes de una sociedad; en segundo lugar, el nivel de educación o de conocimientos, medido a través del alfabetismo de la población adulta y en años pro­medio de instrucción escolar; y en tercer lugar, el nivel de vida, medido a través del Producto Interno Bruto (PIB) real per cápita, ajustado al costo local de la vida y la paridad del poder adquisitivo [6].

 

  1. Lo más interesante de este esfuerzo del PNUD, es que detrás del desarrollo del Índice de Desarrollo Humano se ha tratado de llevar ade­lante un serio empeño por formular un nuevo paradigma que coloca al ser humano en el centro del análisis. En está perspectiva, el objetivo del desarrollo debe permitirles a todos los seres humanos, esto es a los que hoy están con vida, así como a las futuras generaciones y a los que viven tanto en países desarrollados como en países subdesarrollados, desarro­llar sus capacidades económicas, sociales, culturales y políticas.

 

  1. El PNUD sostiene, además, que este indicador debe ser consi­derado como una "medida mínima", ilustrativa de "la capacidad de la gente para lograr vidas largas y sanas; comunicarse y conocer suficien­temente las actividades de la comunidad, y contar con recursos sufi­cientes para conseguir un nivel de vida razonable..." (PNUD: 1993).

 

  1. En su forma actual, Naciones Unidas considera que el Índice de Desarrollo Humano ofrece una mejor medida del progreso socio­económico de los países que el simple PIB per cápita. Más aún, puede emplearse para evaluar el progreso a lo largo del tiempo, para orientar la formulación de políticas y tener una base más amplia que permita comparar las experiencias de varios países.

 

  1. No es posible describir aquí los múltiples resultados e intere­santes antecedentes que entrega el IDH, los que han sido resumidos y publicados anualmente por el PNUD; sin embargo, claramente ha per­mitido una clasificación de los países de una manera distinta al ordena­miento que entrega el PIB per cápita. Así, por ejemplo, en el caso de América Latina, un país como Costa Rica que ocupa el lugar 75 entre 170 países en el PIB, le corresponde la posición 39 en la escala del Índice de Desarrollo Humano, posiblemente porque ofrece una mucho mejor instrucción básica y buenas condiciones de salud a su población que lo que indica su posición en la producción per cápita. Por el contra­rio, un país como Brasil, que ocupa el lugar 52 en el PIB per cápita, tiene una posición más baja en el IDH, probablemente por las razones opuestas. (Véase PNUD, Índice de Desarrollo Humano, 1994).

 

  1. Es claro que la concreción metodológica del IDH no da cuenta de toda la riqueza conceptual y teórica del desarrollo humano y tampo­co la agota, es decir, el índice no es el concepto. La pérdida de informa­ción que se produce es propia del proceso de elaboración de indicadores socio‑económicos y se explica por la aspiración de multidimensionalidad del fenómeno. La estructura metodológica actual del IDH es la resul­tante del esfuerzo hecho por el PNUD por construir un índice compara­ble entre países, lo cual ha requerido escoger un número escogido y reducido de indicadores, para los cuales debía contarse con informa­ción estadística completa y confiable y con capacidad discriminativa entre países.

 

  1. Cuando el PNUD destaca que: "el desarrollo humano es el pro­ceso por el cual se amplían las oportunidades del ser humano" (PNUD: 1993), está especialmente destacando que resulta insuficiente el sólo crecimiento económico, aun cuando éste puede ser muy importante. Tampoco se agota en las visiones acerca del desarrollo social que, por un lado, considera a las personas más bien como un "insumo" para el desarrollo (por ejemplo: las teorías  del capital humano); o bien sólo como "beneficiario" del desarrollo (por ejemplo el enfoque del bienestar social y otros). Bajo esta concepción del desarrollo humano, la persona es un fin en sí mismo y no sólo un medio de producción.

 

  1. El concepto del desarrollo humano, entonces, en un sentido amplio, intenta rescatar la centralidad del ser humano como gestor y beneficiario del desarrollo. En este sentido, rescata también el objetivo básico y fundamental que se desea medir en la búsqueda del Desarrollo, esto es, el progreso humano a partir de las condiciones fisiológicas, intelectuales, comunicacionales y materiales para elevar la calidad. de vida que se lleva. Por esto, una de las primeras y cruciales tareas en la construcción de una economía más humana y una sociedad mejor que la actual, es la de establecer los indicadores económico ‑sociales apropiados y pertinentes, que efectivamente midan los factores y elementos que se desea medir y que realmente apunten en la dirección de los objetivos que se desea servir.

 

  1. El Índice de Desarrollo Humano" es un indicador que claramente cumple de manera más adecuada con los objetivos y requisitos descritos, en mejor forma que el PIB y otros indicadores derivados, por lo cual será fundamental establecerlo en el país desde temprano en el proceso de cambio que se inicie. Es deseable que sea elaborado anualmente por las Oficinas Nacionales u Oficiales de Estadísticas, que ojalá sean las mismas que llevan las Cuentas Nacionales del Producto y del Ingreso Nacional y que, además, se construya desde sus inicios desagregadamente, es decir, por regiones del país, las cuales pueden presentar grandes diferencias entre sí.

 

  1. Mediante la construcción y consideración del "Índice de Desarrollo Humano" en un país, no se trata de terminar con los indicadores económicos, sociales o financieros de la economía capitalista actual, sino más bien de relevar y destacar dos aspectos fundamentales del Desarrollo: en primer lugar, la importante necesidad de disponer de estadísticas e indicadores pertinentes que efectivamente midan e infor­men sobre lo que se desea medir, en especial en países o regiones inte­riores más subdesarrolladas; y en segundo lugar, que la construcción y disponibilidad de estadísticas e indicadores apropiados para la búsqueda de una economía más humana y una sociedad mejor que la actual, es un requisito básico para la elaboración de una "Estrategia de Desarrollo Humano", que permita a su vez la selección y programación de las políticas públicas y privadas, y los esfuerzos del desarrollo en general, los que deben orientarse ahora a aumentar las oportunidades y la participa­ción plena de todas las personas.

 

  1. El conjunto de consideraciones anteriores, indica que el tema de la selección de los indicadores, índices, variables o mediciones de la evolución de los asuntos económicos y sociales, que efectivamente apun­ten, representen o correspondan al logro de los objetivos que se establezcan en el modelo o estrategia de desarrollo de que se trate, no es una cuestión trivial o de segundo orden; por el contrario, es un asunto crucial y de la mayor importancia, en especial cuando se trata de la búsqueda de una economía más humana y una sociedad mejor que la actual.

 

  1. En síntesis, podríamos decir que la identificación y selección de los indicadores o mediciones pertinentes corresponde a encontrar los hitos o señalizaciones en la carta de navegación o en el camino trazado, que permiten garantizar la direccionalidad y el sentido de los esfuerzos que se realizan en pos de un determinado objetivo. La mayoría de las veces los economistas, políticos u otros analistas preocupados de los asuntos públicos, tienden a ignorarlos o a no precisarlos debidamente. Sin embargo, la experiencia enseña que estos indicadores deben especificarse desde los inicios mismos de un proceso de cambio o de cualquier programa de mejoras económicas o sociales, ya que de otra forma no se logrará conocer sus avances o retrocesos reales, ni si las medidas que se adoptan o las políticas que se siguen apuntan en la di­rección que se desea.

 

 



[1] Octavio Paz (1970): Posdata. Siglo XXI Editores, México.

[2] En el medio internacional, a fines de la década de los 90, ha existido cierto consenso en definir a los países en tres niveles: 1) los subdesarrollados, con menos de US$ 1.000 per cápita; 2) los de nivel intermedio, que alcanzan entre US$ 1.000 a US$ 5.000 per cápita; y 3) los más desarrollados, que exhiben un producto superior a US$ 5.000 per cápita o más.

 

[3] Veáse Robert Fogel (1999): "Catching Up with the Economy" en: American Economic Review, Vol. 89, N' 1, Marzo 1999

 

 

[4] A principios de los 90, Naciones Unidas propuso un sinnúmero de ampliaciones y mejoras al Sistema de Cuentas Nacionales con que los países miden su Ingreso Nacional. Entre estás mejoras, se sugirió el desarrollo de las Cuentas Satélites para la consideración del medio ambiente y del daño  ecológico que produce el crecimiento económico. Sin embargo, hasta fines de los 90, casi ningún gobierno de la Región había iniciado su consideración o puesta en práctica. Para mayor información, véase Sistema Revisado de Cuentas Nacionales, 1993 de Naciones Unidas.

 

[5] Por la brevedad y distinto sentido de este texto, no nos referiremos a los requisitos y diferentes dimensiones nacionales e internacionales del Desarrollo; tampoco se examinaran los distintos enfoques conceptuales que han existido sobre el Desarrollo Económico.

 

[6] En términos esquemáticos, la estructura del índice de Desarrollo Humano (IDH) responde a su característica de índice sumatorio no ponderado. Según sus dimensiones componentes: (índice de salud + índice de educación + índice de ingresos) / 3

Según las variables específicas que hasta ahora lo componen :

(Esperanza de vida+[(alfabetismo x 2/3)+(matricula combinada x 1/3)]+PGB per cápita ajustado) / 3

Para el lector interesado en las características específicas del Índice de Desarrollo Humano, puede consultar: "Aspectos Metodológicos del Desarrollo Humano", Documento de Trabajo del Centro Interamericano de Enseñanza de Estadística, CIENES, OEA, Chile, mayo 1996.